Movilización antimilitarista llega a las puertas de feria de armas en Colombia

Organizaciones antimilitaristas colombianas llegaron a las puertas de la feria de armas Expodefensa en Bogotá el 1 de diciembre para rechazar el comercio militar y sus impactos en la población civil. A pesar de dos incidentes de hostigamientos y amenazas, se logró quitar el velo de silencio y normalización de la segunda feria de armas más grande de América Latina.

Aunque organizaciones colombianas ya se movilizaron contra Expodefensa en el 2017 y el 2019, este año fue la primera vez en que se realizó la manifestación a pocos metros de la entrada al evento, en el centro de convenciones Corferias. Los comerciantes de armas tuvieron que ver y escuchar de primera mano el repudio a sus acciones mientras hacían fila para entrar, y los organizadores de Expodefensa decidieron cerrar una de las dos entradas al evento como respuesta al plantón.

Un performance artístico y volantes distribuidos al público transeúnte denunciaron las dinámicas nocivas del comercio de armas: por un lado, el Ministerio de Defensa de Colombia utiliza Expodefensa para impulsar las ventas de empresas militares colombianas; por otro lado, empresas extranjeras vienen al país para traer nuevos productos militares a las fuerzas armadas latinoamericanas.

Muchas de las tecnologías bélicas que se venden en Expodefensa son desarrolladas a través de las experiencias represivas de las fuerzas militares en sus países de origen. Los drones israelíes que han sido comprados por el gobierno colombiano, por ejemplo, primero fueron desplegados para ataques que mataron a cientos de civiles en Gaza. Y en Colombia, la industria militar nacional perfecciona sus armas al calor de un conflicto armado y social en que el Estado ha sido responsable de miles de muertes civiles, para luego vender esas armas en el exterior.

Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías militares importadas aumentan el portafolio de herramientas represivas en los países donde se compran. En Colombia, algunos ejemplos son el Taser estadounidense con que la policía colombiana mató a Javier Ordóñez, la escopeta italiana con que mataron a Dilan Cruz y los vehículos antidisturbios israelíes que se han desplegado contra movilizaciones indígenas en el Cauca.

Como represalia a la protesta a Expodefensa, las y los activistas recibieron hostigamientos y amenazas durante el plantón. Tras el arribo al lugar un teniente de la policía exigió sistemáticamente el retiro, acompañado posteriormente por dos escuadrones de policía disponible armada con material antidisturbios. Así mismo, minutos después dos hombres en una motocicleta de la empresa de seguridad G4S pararon a tomar fotografías a organizadoras de la protesta. La empresa estadounidense G4S es sujeta a una campaña de boicot liderado por el movimiento palestino de Boicot, las Desinversiones y las Sanciones a Israel (BDS) por su complicidad en el apartheid israelí.

Dos personas en uniforme de G4S grabaron la manifestación.

El último incidente se dio cuando un hombre que salía de la feria de armas dijo a dos de las organizadoras de la protesta que se retiraran pronto “ahorita que pueden, para que puedan garantizar su seguridad”, afirmando: “aprovechen que todavía están bien de salud”.

El plantón fue organizado por la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia (ACOOC), la Internacional de Resistentes a la Guerra, BDS Colombia, Justapaz, Conovoa y otras individualidades en el marco de sus campañas antimilitaristas más amplias. La próxima versión de Expodefensa, en el 2023, enfrentará nuevas protestas de parte del movimiento antimilitarista colombiano.

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